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Sostenibilidad y garantía de abastecimiento

Uno de los grandes retos que tenemos que afrontar de forma urgente es la reconexión de los medios urbano, rural y natural. Una división ficticia que a lo largo de la historia nos ha traído a una situación de desnaturalización de la propia vida del ser humano.

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Llevamos años asistiendo a la alteración de los ciclos naturales esenciales para el mantenimiento de la vida y el bienestar humano. Una alteración ocasionada, en gran medida, por nuestras propias acciones y decisiones. 

 

Estos cambios son el reflejo de una importante desconexión entre la sociedad y la biosfera que da soporte para las condiciones esenciales que posibilitan la vida del ser humano.

La ficticia diferenciación entre lo urbano y lo rural

Desde que se iniciaron los procesos de urbanización en la sociedad industrial, lo rural nunca se ha definido formalmente, llevándolo a un concepto residual “lo que no es urbano”. Formalmente, esta dicotomía urbano-rural, es una división subjetiva basada en delimitaciones arbitrarias que tienen en cuenta cuestiones como el tamaño de los municipios, el peso de la población o las actividades productivas principales... 

 

Aceptando esta vaga diferenciación, las Naciones Unidas plantean que de mantenerse el actual ritmo de crecimiento de las ciudades, la población que en ellas habita podría representar el 60% de la población mundial en el año 2030, y en 2050, se espera que la población urbana aumente de 3.300 a 6.500 millones, a la vez que la población rural disminuirá de 3.380 a 2.790 millones.

 

En este contexto, el abandono del campo y las actividades agropecuarias, los impactos ambientales de los modelos de producción, la dependencia de combustibles fósiles para la distribución de los productos… son cuestiones suficientes para la preocupación. Incluso si mantenemos una perspectiva antropocéntrica y dejamos a un lado las cuestiones ecosistémicas, es alarmante la ausencia de políticas garantistas sobre una cuestión esencial como la alimentación y abastecimiento de la población.

Un sistema del que dependemos pero no sabemos como funciona

La globalización en la producción de alimentos ha permitido que las ciudades que dependían de los recursos locales disponibles para su crecimiento se transformen en grandes urbes desconectadas de su entorno próximo gracias a la importación de todo lo que necesitan. 

 

En especial se ha producido una desconexión alimentaria de las ciudades con su entorno rural que queda debilitado ante su imposibilidad de competir en mercados globales en el sistema alimentario del nowherefood.

 

Siendo la alimentación algo tan fundamental en nuestras vidas, es sorprendente nuestra falta de conocimiento sobre cuestiones básicas como quién produce, cómo se produce o dónde se produce lo que comemos. 

Un sistema complejo y frágil

Un sistema de alimentación desconectado de su entorno próximo, está basado en el concepto de abundancia, tanto de los propios alimentos como de los combustibles fósiles que hacen posible su transporte. Y aquí mismo residen dos de las claves que hacen el sistema insostenible e inseguro.

 

Por un lado, las explotaciones agrícolas basadas en grandes extensiones de monocultivo para abastecer un mercado global son responsables de algunas de las prácticas que más contribuyen a retos ambientales como la pérdida de biodiversidad o el cambio climático, este último acrecentado por las emisiones asociadas a las necesidades de transporte a larga distancia. 

 

Respecto a la inseguridad, es evidente que resulta más factible realizar un mejor control cuanto más cercana esté la cadena de producción, pero pensemos por un momento en la inseguridad de abastecimiento. El hecho de que los alimentos que abastecen una ciudad tengan que ser transportados desde largas distancias introduce un elemento más de fragilidad en la estabilidad del abastecimiento de la ciudad por causas asociadas al transporte como, por ejemplo, subidas en el precio del petróleo o restricciones al transporte de mercancías. Un sistema global de producciones concentradas y deslocalizadas convierte el abastecimiento que damos por garantizado en una lucha de poderes en caso de necesidad en los propios puntos de origen o en aquellos países o compradores que tengan una mayor capacidad de ejercer el control sobre un sector primario global.

La reconexión como principio sostenibilidad y garantía

 

Ante esta situación, realizar una aproximación a la alimentación de las ciudades desde otra óptica adquiere un gran potencial para reconectarnos con el territorio, con el sector de producción primaria, las gentes del campo y con nuestro entorno próximo. Un entorno próximo productivo, es capaz de garantizar la provisión de una alimentación saludable que además genera rentas que sostengan la economía local y conlleva una gran reducción de la huella ambiental respecto al sistema de alimentación globalizado. 

 

Una alimentación basada en el desarrollo de sistemas alimentarios locales reconecta espacios urbanos, rurales y los ecosistemas que les dan soporte, de tal manera que la producción y distribución de alimentos, así como otros servicios ecosistémicos están garantizados.


Quizás se trate de un transformación radical del sistema alimentario que requiere acciones a múltiples niveles, pero no es menos cierto que el nuestras deicisones a la hora de consumir pueden jugar en este caso un papel fundamental para esta transformación necesaria.

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