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Las Huellas de nuestro consumo

Nuestras decisiones de consumo tienen mucho más coste que el puramente económico. Detrás de cada producto existe un proceso que, en cada una de sus fases, ha consumido recursos naturales. Ser conscientes de todos los consumos que genera nuestro estilo de vida nos permitiría estar más preparados para actuar en consecuencia.

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El Objetivo de Desarrollo Sostenible número 12 de las Naciones Unidas quiere garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles. En realidad, consiste en hacer más y mejores cosas con menos recursos, lo cual conlleva mejoras ambientales al tener en cuenta las materias primas, pero también mejoras en la eficacia de los procesos productivos en muchos casos reduciendo los costes de producción.

Se trata de un objetivo ambicioso que requiere adoptar un enfoque sistémico que considere todas las partes implicadas desde la producción al consumo y su posterior disposición. Para ello es necesario dotarse de indicadores y herramientas adecuadas de medición que, de una manera accesible, pongan toda la información a disposición del consumidor. 



La Huella Ecológica

Es una medida de la carga impuesta por una población dada a la naturaleza. Representa el área de tierra o agua ecológicamente productivos (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) e idealmente también el volumen de aire necesarios para generar recursos y además para asimilar los residuos producidos por cada población determinada de acuerdo a su modo de vida. Dado que los habitantes de cualquier sociedad utilizan recursos procedentes de todo el mundo, la Huella Ecológica suma y estima el tamaño de las diversas áreas utilizadas, sin importar el lugar en que se encuentren.


Un concepto didáctico pero con un cálculo complejo

El cálculo de la huella ecológica es complejo, y en algunos casos imposible, sin embargo es uno de los más importantes avances hacia la conceptualización de un indicador sintético de sostenibilidad. 

Con mayor grado de implementación dada su utilidad práctica, se han desarrollado y se siguen estudiando varios tipos de huellas:



Huella Hídrica

Se utiliza para medir el volumen total de agua dulce usado para producir los bienes y servicios producidos por una empresa, o consumidos por un individuo o comunidad. Es una muestra de la cantidad de agua dulce utilizada para producir los bienes y servicios que habitualmente consumimos y nos permite tomar conciencia del consumo de agua que necesitamos en todas nuestras actividades.



Huella Social

Es el conjunto de impactos que genera la actividad de una empresa sobre la sociedad en la que opera, afectando positiva o negativamente a las posibilidades de su desarrollo. Podría entenderse como la marca reconocible y medible que una empresa deja en la sociedad por razón de sus operaciones.



Huella de Carbono

Es la más extendida e implementada. La Huella de Carbono hace más concreto el concepto de la huella ecológica y para ello se centra en reflejar la totalidad de gases de efecto invernadero emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto. Tiene en cuenta la cantidad total de emisiones que se generan en cada una de las fases del ciclo de vida del producto (desde la extracción de las materias primas que lo componen hasta el destino al abandono del producto).

Considerar la Huella de Carbono es un buen punto de partida para plantear medidas necesarias en aspectos como:


Consumos energéticos.

Procesos productivos de las explotaciones.

Calidad y pertinencia de las materias primas y componentes.

Optimización en las etapas de transporte.

Consumo de combustibles fósiles.

Tratamiento de residuos.

Consumo de agua.


Huella de Carbono de producto

En algunos países, el etiquetado de productos alimenticios presenta información sobre su huella de carbono. De esta manera el consumidor tiene más información acerca de los impactos ambientales de un determinado producto, de manera que puede tomar sus decisiones en base a estos criterios.


Un medio rural más sostenible

Tener estas u otras informaciones acerca de los productos que consumimos facilita que, como consumidores, podamos tomar decisiones de una manera más consciente e informada. 

Contar con esta información nos permitirá realizar comparaciones entre productos, lo que nos llevaría a descubrir las muchas ventajas ambientales que conlleva el abastecernos de productos locales. Sin mencionar la activación social que favorece la prosperidad de nuestro medio rural más próximo.

Además, una conciencia colectiva cada vez más sensibilizada está generando nuevos patrones de consumo que también se están viendo respaldados legislativamente, así que ser adoptadores tempranos de estas medidas puede situarnos en una situación ventajosa.


Apostar por la sostenibilidad en el rural es beneficioso desde cualquier punto de vista.


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