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Los beneficios de la ciudad lenta. Únete a la slow life.

Si te decimos que es posible vivir lento en la ciudad, ¿te lo creerías? Atento, estos son los beneficios de apuntarse a la “slow life”.

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¿Qué es la “slow life”? Estas son las virtudes de la ciudad lenta

En un mundo lleno de prisas los instantes que nos devuelven la calma son escasos y los atesoramos como especiales. Frases motivadoras, cursillos de “mindfulness” para ser más conscientes de lo que nos rodea o experiencias sensoriales han proliferado para hacer nuestra vida diaria más tranquila. Todos ellos, sin embargo, parten de un principio quizás olvidado. Hoy navegamos contigo por las aguas de la vida tranquila y te presentamos los principios de la “slow life”. Si nunca has escuchado esta palabra es momento de que te relajes en el sofa y te dejes empapar por la cultura de la calma.

De la comida orgánica a la “cittaslow”: los orígenes de la “slow life”

La filosofía “slow life”, también conocida en español como “movimiento lento”, surge en la década de los años 80 en respuesta a la inauguración de un McDonalds en plena plaza de España en Roma. Los activistas que protestaban contra esta apertura fundaron la organización “Slow Food”. Sobre este germen, plantado por las acciones de Carlo Petrini en la ciudad de Bra (Italia), germinarán los principios de la filosofía slow y de las ciudades lentas.  


Estos son los puntos principales sobre los que se articula la necesidad de una “cittaslow” (ciudad lenta) para recuperar la paz mental y conectar con el entorno que nos rodea:

  • Tomar el control del tiempo y dejar de vivir “apurados por el reloj”
  • Calmar la velocidad de las actividades humanas. Reducir el estrés asociado a las prisas y los estímulos constantes de la sociedad  moderna.
  • Apostar por actividades que desarrollen los valores de las personas como individuos dentro del colectivo.
  • Equilibrar la vida privada con el uso de las tecnologías. 
  • Dar valor a las relaciones interpersonales y con el entorno.


La vida lenta se podría resumir en que “las cosas importantes de la vida no deberían acelerarse”. A pesar de que el movimiento nació como forma de protesta, sus valores se extendieron a lo largo del globo y se diversificaron. Desde comida, ropa, actividades profesionales a artesanía. Todo lo que nos rodea es susceptible de ser enfocado con paciencia.


Hoy en día existen decenas de asociaciones alrededor de estos puntos en todo el continente y al otro lado del charco y no existe una dependencia clara de la organización original fundada por Petrini. La idea de hermanamiento e igualdad es una de las bases sobre las que pivotan las organizaciones regionales y locales. Por ello son comunes las reuniones internacionales y las ferias “slow”.


personas en entorno de tranquilidad disfrutando de la filosofía

¿Por qué debería sumarme a la filosofía “slow”?

Por suerte para nosotros, desde la década de los 80 hasta hoy las posibilidades de llevar una vida “slow” se han multiplicado y son muchas las ciudades españolas que apuestan por iniciativas de este tipo. Desde huertos urbanos a bancos de tiempo, existen decenas de variantes en las que aplicar las enseñanzas de esta filosofía. 


Si te estás preguntando qué aporta a tu vida, aquí tienes algunas de las ventajas de decidirte a vivir despacio.

Conocerte mejor a ti mismo y al mundo que te rodea. La meditación y el conocimiento del entorno está ligado de forma clara a los principios de la “slow life”

  • Apreciar los pequeños placeres de la vida. La comida, en especial, es uno de los “caprichos” por los que aboga la filosofía de la vida calmada. Saborearla y compartirla son clave para una experiencia completa.
  • Vincularte al entorno que te rodea. La naturaleza, el rural y la comunidad son los pilares fundamentales de esta corriente.
  • Desconectar del estrés producido por la atención dedicada 24 horas al día a teléfonos inteligentes y otras tecnologías.


Si crees que para vivir una vida “slow” tienes que mudarte a un monasterio en lo alto de las montañas y renunciar a tu “smartphone” no podrías estar más equivocado. La filosofía “slow” no se basa en restar, sino en equilibrar. Por eso cada día gana más adeptos que apuestan por reducir la velocidad de su día a día.


“Slow Food”, los alimentos para el alma


Si ya has oído hablar de la “fast food” te será sencillo comprender qué reivindicaban los fundadores de esta asociación. Para ellos los ingredientes de cada receta eran mucho más que alimentos para el cuerpo, también construyen nuestra relación con el mundo que nos rodea y con nuestra paz mental. 


Por ese motivo, desde su fundación en Bra, siempre se han vinculado de forma directa con productores locales que respetan los métodos tradicionales y la biodiversidad. 


Quienes apoyan esta corriente no reniegan ni de la tecnología ni de los avances agrícolas pero reivindican la preservación de los medios de vida rurales como bastión de la naturaleza. De este modo, la tecnología se suma al conocimiento heredado de nuestros ancianos para acercarse cada vez más a la seguridad alimentaria total y combatir el cambio climático.


Algunas de las actividades que llevan a cabo los consumidores que apuestan por la “slow food” y que tú también puedes incorporar a tus rutinas diarias son las siguientes:

  • Consumo local de ingredientes cultivados con respeto al medioambiente.
  • Elección prioritaria de variedades autóctonas.
  • Disfrutar del momento de la comida, tanto en compañía como en solitario.
  • Seguir una dieta equilibrada que priorice alimentos de temporada.
  • Vincularse a grupos de consumo o cultivo. 
  • Compostar dentro de las posibilidades para reintroducir los residuos orgánicos en la cadena productiva.


¿Con cuántos de ellas te animarías tú? Déjanos un comentario y cuéntanoslo.

“Slow Fashion”, la apuesta por la moda consciente 


Pero no solo la alimentación se beneficia del movimiento lento. Desde 2007 se ha extendido la expresión “slow fashion” para definir la producción de moda que pone el foco en la sostenibilidad.  No debemos olvidar que se trata de una de las industrias más contaminantes del planeta


Cada vez son más las iniciativas, también españolas, que buscan reducir el impacto de sus procesos. A continuación te dejamos los principios sobre los que se basa la moda sostenible.

  • Atención a todas las fases de la producción para incentivar el uso de materiales ecológicos y con bajo impacto medioambiental.
  • Priorización de la reducción y reutilización. Reconversión de materiales y prendas en nuevas creaciones.
  • Apoyo al comercio de cercanía y a la certificación de comercio justo.
  • Educar en la sostenibilidad a través del consumo responsable de moda. 


Estamos seguros de que has acudido a algún mercado de ropa “vintage” o has oído hablar ya de las “swap parties”... pues sí, todas esas iniciativas que tan de moda están, apoyan de un modo u otro una moda más consciente. ¡Bravo por ellas!


El movimiento “slow” y la permacultura  


Como ya has podido imaginar al llegar hasta aquí, las bases de la filosofía “slow” van mucho más allá de la comida orgánica y de la ropa de segunda mano. Se trata de un movimiento integral que vincula nuestra vida diaria con el entorno que nos rodea. Su objetivo final es lograr un equilibrio en el que podamos desarrollarnos como personas con un impacto mínimo en el medioambiente y sin renunciar a las virtudes y bondades del siglo XXI


Esto puede aplicarse a todos los ámbitos de la vida y también al diseño de los espacios en los que cohabitamos. Por eso el movimiento “slow” está tan vinculado con la permacultura, concepto que ya adelantábamos en abril


Ambos se funden en uno solo para revitalizar el rural y también fomentar las ciudades cada vez más sostenibles. ¡Y eso nos encanta!


¿Te has decidido a darte un garbeo por el lado lento de la vida? Comparte con nosotros tu experiencia en los comentarios, ¡nos morimos de ganas de conocerla!




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